Después de la increíble experiencia de nadar con los tiburones ballena nos dispusimos a iniciar la que iba a ser nuestra ruta por las denominadas Visayas Centrales, una serie de islas en el corazón de Filipinas, y en la cual visitamos las islas de Malapascua, Camotes, Bohol, Camiguín y Cebu.

Llegar a nuestro primer destino, Malapascua, desde Donsol donde nos encontrábamos, no iba a ser tarea fácil. Nos despertamos a las 4.30 a.m. y cogimos un triciclo que habíamos pactado por 200 Php. Este triclico matutino nos llevó hasta el puerto de Pilar, donde creíamos que nos esperaba un fast-ferry a las 5.30 para ir a Masbate y desde allí coger otro ferry a Cebu. Así lo ponía en la Web de la compañía, pero al llegar a la taquilla el ferry no existía y tuvimos que coger otro mas lento, aunque más barato, que nos llevaría en unas 5 horas hasta Masbate City por 230 Php por persona. Al llegar a Masbate, desde el puerto necesitamos otro triciclo por 25 Php hasta la terminal de furgonetas, donde necesitábamos encontrar una van para llegar hasta Cataingan, desde donde salía el ferry hasta Bogo City en Cebu, nuestra siguiente parada del día. Nuestro problema, y el que tendréis si queréis ir desde Donsol a Malapascua en un día, es que el ferry a Cebu sale a las 12.30 y nuestra furgoneta salio a las 11.00, con el tiempo MUY justo porque esperaban a que fuéramos a reventar de llenos. Finalmente, 14 viajeros y el conductor ya “acomodados” en la van nos dirigimos hacia Cataingan por 120 Php. Llegamos con el ferry a punto de salir, casi subiendo la rampa y corriendo los 100 metros lisos por el puerto con un filipino que nos acompañaría durante el segundo viaje en ferry y con el que charlamos bastante rato y que durante el viaje en van nunca perdió la fe en que no se nos escaparía el ferry. Así pues, estábamos ya en nuestro segundo ferry, que en 4 horas de viaje nos llevó hasta Bogo City, en el norte de la isla de Cebú. El segundo ferry nos costó 365 Php. Allí tocaba, la operación habitual, del puerto a la parada de bus en este caso con un triciclo valorado en 150 Php a dividir entre 4 intrépidos viajeros. Nos despedimos de nuestro compañero de viaje filipino con una buena cena y nos subimos a un bus que en unas dos horas nos llevo al pueblo de Maya, a las puertas de nuestra ya ansiada Malapascua. El bus nos costó 45 Php, aunque inicialmente el cachondo del revisor nos pidió 190 Php! Llegamos a Maya a las 8 de la tarde, después de 3 viajes en triciclo, 1 en furgoneta, 1 en bus y 2 ferrys y como ya no había bangkas públicas a la isla, nos quedamos a pernoctar en el ABBA lodge, el único alojamiento del pueblo recomendado por otros blogeros y que para una noche sirve para salir del paso. Esa noche también presenciamos un partido de básquet local, con gran afluencia de público, y donde nos sentimos las personas más observadas del mundo ya que todo el público nos miraba y los niños se ponían delante nuestro solo a observarnos atentamente. Cosas de sitios con pocos turistas. Después del partido, cuyo jugador estrella local se llamaba curiosamente Eloi, nos fuimos a tomarnos un merecido descanso y al día siguiente cogimos la bangka a las 8 que nos llevó a completar uno de los viajes más largos y rocambolescos de nuestra estancia en Filipinas.

La bangka matutina de Maya a Malapascua, que cuesta 80 Php por persona, nos dejó en la playa de Malapascua y allí empezamos el tour habitual de búsqueda de techo donde pasar los próximos días. Después de ver varias opciones, algunas de Wikitravel, Lonely Planet y otros blogs nos decantamos por un alojamiento llamado Purple Snapper, que también es centro de buceo. Se encuentra a unos 3 minutos de la playa, girando en la calle del centro de buceo Fun and Dive a la izquierda, aunque cuando llegueis algún “comercial” seguro que os lleva hasta allí. En Malapascua pasamos 4 noches y el bungalow backpacker vale 450 Php por noche y puede alojar hasta 4 personas. El centro tiene piscina, billar, ping-pong, un IMac para el uso de la gente y Wifi. En teoría el alojamiento es para buceadores, pero nosotros sólo nos alojamos y hicimos las inmersiones con Fun and Dive a pesar de que le propusimos al dueño del Purple que igualara la oferta, pero no quiso. Curiosamente se quejaba de que perdía dinero y negocio, pero no quiso bajar sus precios. Cada inmersión en Fun and Dive, nos costo 1200 Php, (1600 en Purple) incluyendo la de los tiburones zorro, la más famosa y la que originó el inicio del buceo en la isla, dos en Gato Island y otra en Calangaman Island. Esta última no la recomendamos porque la inmersión no es tan espectacular como en Gato y se ha de pagar un super-fee de 500 Php para desembarcar en la isla, que aunque es bonita no lo vale a nuestro entender. Estas inmersiones las realizamos con los que iban a ser nuestros compañeros de viaje y batallas durante varios días, Noga y Gal, una pareja de Israel muy majos que se alojaban en el Purple Snapper. Curiosamente, cuando íbamos a hacer la inmersión de los tiburones zorro, a las 4.30 a.m. y con las legañas en los ojos, nos encontramos a Víctor, un chico que habíamos conocido en Queenstown, Nueva Zelanda varias semanas atrás. Realmente el mundo es muy pequeño y no paras de encontrarte gente que has visto en otros países, una locura! Así pues pasamos unos días geniales en la isla, buceando, tomando el sol y cenando y comiendo en el pequeño sitio de comida local regentada por Junior, de mejor calidad, más barata y más entrañable que los resorts. Os lo recomendamos fervientemente, queda cerca del embarcadero de la zona del pueblo. Pasados estos cuatro paradisíacos días nos dirigimos a nuestro siguiente destino, las menos conocidas Islas Camotes.

Cogimos una bangka en Malapascua para hacer el camino a la inversa y dirigirnos de nuevo hacia Maya. Íbamos con Noga y Gal, cuando de golpe, va Noga y se encuentra con una amiga de Israel. Más casualidades! Decidieron ponerse en contacto para quedar en el futuro y nos dispusimos a coger el bus. El puerto desde dónde salían los ferrys hacia Camotes se llama Danao y el viaje desde Maya nos costo 130 Php. La mayoría de horarios y compañías de ferry se pueden encontrar en la Web www.schedule.ph aunque si puedes pasarte por la oficina la información siempre es más fiable. El ferry a Camotes tardó unas 2 horas y llegamos a la isla de Pacijan, que junto a la isla de Poro conforman el archipiélago. Un jeepney de 100 Php por persona nos llevó a los 4 hasta la zona de Santiago Bay, donde esta la mayoría de la incipiente oferta hotelera. Éstas islas son muy poco visitadas por los turistas y eso les confiere un atractivo especial y precios muy populares! Después de dar vueltas, acabamos alojados en una casa particular, donde teníamos dos habitaciones con lavabo, ventilador y una sala de estar común por 450 Php por habitación. El sitio se llama Glenn, pero no hay ningún nombre ni nada, así que mejor preguntar. El sitio queda a metros de la playa, donde hay restaurantes baratos y deliciosos (muy pero muy lentos al servir, cosas de islas…) y bastante animación nocturna en forma de cancha de básquet, karaoke y bingo! La isla sufre cortes de luz y agua a menudo, así que os recomendamos ser pacientes y disfrutar de la playa.

En Camotes alquilamos un par de motos a los dueños de la casa por 300 Php por moto y nos dedicamos a explorar las dos islas. Subimos a buscar un mirador en el pueblo de Altavista, por caminos de tierra y bastante perdidos por la jungla de la isla, pero no lo encontramos y nos contentamos con otro mirador improvisado desde donde se ve Cebu y la isla de Pacijan, unida a Poro por un puente de tierra. La gente de la isla alucinaba con nuestra expedicion motera por los caminillos de la montaña. Más tarde pasamos por el hotel Boho Rock, dónde por 20 Php puedes acceder a la zona de baños y saltar desde un par de rocas, una de ellas de considerable altura. Luego fuimos a ver el lago Danao, aunque no es muy espectacular y se puede obviar. Cabe destacar que la única persona extranjera que vimos en las islas fue una chica alemana que vivía allí, así que os podéis hacer una idea del ambiente que se respira por allí: zero turismo de masas. Comimos varios días en los pequeños restaurantes de la playa, con platos grandes, suculentos y baratos. Después de los relajantes días en las Camotes nos dirigimos a Bohol, una isla mucho mas conocida con algunos de los puntos mas visitados en Filipinas.

Para llegar a Bohol desde Camotes había que pasar por Cebú de nuevo. Volvimos a Danao en Ferry y cogimos un taxi por 100 Php por persona hasta Cebú City. Íbamos justos para coger el ferry barato y Noga y Gal necesitaban extender su visado. Aún así y cogiendo otro taxi se nos escapó y finalmente nos decantamos por un fast boat para no llegar muy tarde a Bohol. Fue un ferry caro, 450 Php + 50 Php por la mochila + 20 de “fee” de terminal. Los fees de salida en los ferries oscilan entre los 10-20 Php y son un poco pesados, ya que al comprar el billete no te lo incluyen y necesitas pagar en otra ventanilla. Cosas de la burocracia asiática. Para visitar Bohol, se unieron al equipo We Are The Passengers las dos amigas de Noga, Mor y Noa. Llegamos a Tagbilaran algo tarde y una van a 100 Php por persona nos llevo a Panglao, la zona quizás más turística de Bohol, pero dónde hay mas alojamiento. Empezamos a buscar y para nuestra sorpresa, varios sitios estaban llenos, por lo que acabamos todos dispersados en varios sitios. Noga y Gal en el Hotel Calypso y los Passengers en los bungalows Hope Homes. Nuestra habitación nos salió por 500 Php con moto incluida hasta las 12 del mediodía del día siguiente, pero teníamos que devolverla a esa hora porque estaban ya reservadas. Creemos que la oferta de habitación más moto por 700 Php es imbatible en Panglao, pero al ser fin de semana los filipinos nos habían arrebatado la oferta. Así pues por la mañana fuimos todos en busca de un nuevo alojamiento y acabamos encontrándolo en Alona Bamboo Cottage por 500 Php la habitación, con nevera! Más tarde alquilamos una moto en la esquina de “los que alquilan motos”, al lado del puesto de policía turística, delante de la bakery. Después de sacar nuestras artes de regateo, conseguimos dos motos por 300 Php para 12 horas, suficiente para lo que queríamos hacer. El plan consistía en ir a ver a los “tarsiers” y luego visitar las emblemáticas Chocolate Hills. Al salir de Panglao, nos encontramos con una sorpresa inesperada: un control policial. Jose no llevaba puesto el casco, básicamente porque era pequeño y no podía atárselo, y el policía le puso una multa de 200 Php y le dijo que se tenía que ir a pagar el Lunes siguiente a la oficina del pueblo. Lo más curioso del caso, es que mucha gente que iba sin casco, cuando llegaba al control cogía un desvío lateral y se escaqueaban. El “problema” es que el lunes ya no íbamos a estar en Panglao así que la multa se quedo sin pagar y la cara de Jose está ahora en las listas de criminales más buscados de Bohol. Superado este percance, nos dirigimos a la pequeña reserva de los tarsiers
. De hecho, mas que una reserva es un pequeño trozo acotado de bosque, desde donde intentan crear una zona protegida para el primate más pequeño del mundo el que, además, también ostenta el título de mamífero con los ojos mas grandes en relación a su cuerpo. La entrada vale 50 Php y una joven guía local nos mostró un par de ellos que tenían localizados. Se cogen a las ramas muy fuerte y descansan durante el día, además de ser muy territoriales y solitarios. Como curiosidad, comentar que Steven Spielberg se inspiró en ellos para su personaje E.T.

Vistos y fotografiados los entrañables tarsiers, Noga y Gal decidieron volver a Panglao a descansar y a inspeccionar los centros de buceo. Pusimos la directa para llegar a las Chocolate Hills antes del atardecer, pasando por un bonito bosque y cruzando el río Loboc y llegamos justo en el momento adecuado, sobre las 5.15 p.m. unos 45 minutos antes de la puesta de sol. Subimos al hotel-mirador que hay en una de las Hills, 50 Php la entrada, aunque creemos que después es gratis ya que el vigilante nos cobró y cerró el garito, y desde donde se tiene una bonita vista de 360 grados de todo el entorno. Estas colinas, un total de 1500 aproximadamente en toda la región, se formaron según los expertos por la acumulación de sedimentos y sobretodo las cáscaras de los moluscos que habitaban la zona hace millones de años y que se fueron depositando en el fondo del mar, al estilo de las Pancake Rocks de Nueva Zelanda. Su nombre se debe al color marrón que cogen en la época seca. Cuando las placas tectónicas empezaron a hacer emerger el fondo marino, se empezaron a crear las colinas. Un proceso de millones de años que hoy da como resultado un paisaje único y muy bonito. Allí estábamos nosotros, mirando montañitas de ex-moluscos de millones de años cuando vimos un camino de tierra que discurría entre las colinas. Una idea loca, de las que tenemos varias al día, que se nos había ocurrido era subir una de las Chocolate Hills por nuestro propio pie para ver el paisaje desde otro ángulo, sin la típica foto que todo el mundo tiene desde el mirador. Cogimos el camino y paramos a los pies de una de ellas. Empezamos a subir y la misión se mostró más difícil de lo que a priori parecía. El terreno resbalaba mucho, la pendiente era importante y solo podías agarrarte a matojos. Jose no vio clara la idea y la descartó y yo, hablaré en primera persona, ya había subido algo más y decidí darlo todo para coronar la Chocolate Hill en el nombre de WATP. Al llegar arriba del todo, comprobé personalmente la teoría de los moluscos, ya que encontré algunas conchas fosilizadas por el suelo y medio enterradas. Me dediqué a sacar fotos y disfrutar de la puesta de sol, sintiéndome un poco el Indiana Jones filipino y saludé a los guiris del mirador, que supongo que debieron flipar al verme en su foto! El descenso fue peor que el ascenso, aunque al final solo se cobró algunos arañazos y una camiseta llena de polvo y barro. Me pareció ver un camino de subida en otra colina, pero ya no subí esa a confirmarlo. Dejamos atrás las Hills y en dos horas llegamos a Panglao, donde Noga y Gal habían encontrado el más bueno-bonito-barato centro de buceo. Era el centro Valm, 1000 Php por inmersión mas 100 Php por el clásico fee ecológico de las islas. Acordamos tres inmersiones en Balicassag, Black Forest, Divers Heaven y The Cathedral. Por la noche celebramos el cuarto de siglo de Gal y salimos un poco de fiesta por el pueblo. Al día siguiente, desayuno de bakery y a bucear, aunque aún renqueantes de la fiesta. La belleza del lugar, Balicassag Island, nos sorprendió mucho. Grandes y coloridos corales, mucho microorganismo, nudibránquios, bancos de jackfish, decenas de tortugas, en fin un espectáculo subacuatico de primer nivel.

El día siguiente lo dedicamos a ir a la playa y relajarnos, y por la noche realizamos una interesante inmersión nocturna por 1200 Php, donde pudimos ver muchos de los habituales noctámbulos, como pulpos, serpientes, cangrejos enormes y demás crustáceos.

Pasados estos fabulosos días en Panglao, que a pesar de ser más turístico, nos gustó y nos ofreció un buen buceo y algo de ambientillo, empezamos el enésimo viaje entre islas. Los traslados de un lugar a otro en este pais acaban convirtiendose en jornadas epicas, con diversos trayectos, vehiculos y personajes quye se cruzan en tu camino. Ésta vez nuestro destino era la volcánica isla de Camiguín y para ello había que salir del puerto de Jagna. Queríamos coger un bus a Tagbilarán y luego otro a Jagna, pero se nos hizo tarde y regateamos para conseguir un taxi por 600 Php para 4 personas y conseguir coger el fery de las 13.30, el único diario que va a Camiguín.

Llegamos a Jagna y al ir a comprar los billetes nos encontramos con un cartel de “Sold Out” y no nos quedo más remedio que comprar billetes para el día siguiente y pasar la noche allí. Parece ser, tal como otros blogeros indicaron, que el único y mejor alojamiento es el hotel DQ Lodge que queda delante de la venta de billetes y encima de un ciber. Habitación para 4 por 500 Php, el precio más barato en todo Filipinas, muy limpio y correcto, con Wifi. Así pasamos el día entero, jugando a cartas, bebiendo cerveza, así que tampoco fue tan mal la espera. Al día siguiente y ya con los billetes, nos subimos al miniferry que nos llevó al puerto de Mambajao, Camiguin por 350 Php + terminal fee 15 Php.

El ferry a Camiguin zarpó puntual y lleno hasta la bandera. El equipo viajero se amplió en 3 personas más, dos israelíes y un alemán. Omri, un amigo de Gal que casualmente se encontró en Panglao, y Noam una chica israelí que viajaba con Stefan, un alemán que había conocido. Durante el trayecto pudimos contemplar la enorme nube de ceniza que cubrió todo el centro de Filipinas, y que procedía de la erupción del Monte Mayon, el volcán más activo del país. Un trágico acontecimiento que se cobró 5 vidas de personas que se encontraban haciendo trekking. Nosotros estuvimos a punto, unos días antes, de hacer esa ascensión pero el caro importe de los guías y fees nos echó atrás. Resultaba extraño ver como una nube producto de un volcán nos tapaba el sol mientras nos dirigíamos a una isla formada por otro volcán…

Llegamos todos a Mambajao, el puerto de Camiguin, y nos dispusimos a buscar alojamiento. Para esta ocasión nuestro transporte fueron las “Motorelas”, el vehículo de transporte colectivo en Camiguín. Si los triciclos, donde llegaban a ir 5 personas en una moto nos parecían revolucionarios, era porque no habíamos visto aún las Motorelas, que llegaban a transportar “cómodamente” hasta 13 personas, aunque una de ellas de pie fuera y cogida a los barrotes de llevar equipaje. Ni mas ni menos que 13 personas encima de una moto… cosas de Asia! Chequeamos varios sitios y finalmente encontramos alojamiento para todos en el Caves Resort, en nuestro caso habitación para tres por 1000 Php y 700 Php la doble. Habitación correcta en primera línea de mar, con WiFi y baño compartido, pero el restaurante del resort era de lo más caro de Filipinas. De hecho todo en Camiguín era algo más caro que lo normal, pero aun así vale la pena visitar la isla. Esa noche cenamos una correcta pizza en el restaurante Northern Lights y todo el grupo a descansar. A la mañana siguiente alquilamos 5 motos por 300 Php y nos fuimos en plan motero a visitar algunos puntos de interés de la isla. Primero fuimos a las Katiwasan Falls, una bonita cascada con zona de baño frecuentada por los turistas locales y que valía 20 Php. Un refrescante baño y rumbo al cementerio hundido, Sunken Cementery, donde una cruz enorme marca el punto a donde llegó el antiguo cementerio español, desplazado al mar por un terremoto en 1871. La zona era buena para el snorkel. Empezamos a nadar y nadie nos dijo nada, solo un hombre se acercó por si queríamos alquilar gafas y tubos. Después de una hora explorando los corales y cuando ya nos íbamos, apareció con un papel, estilo orden ministerial, en que nos pedía 200 Php por persona. Obviamente le dijimos que nanai, ya que no nos había dicho nada antes, y aunque no nos importa pagar los fees cuando toca, no nos gusta que nos tomen el pelo. Ciertamente el hombre tampoco puso mucho empeño en cobrar y la cuadrilla motera nos dirigimos a otra cascada, más recóndita llamada Tuwasan Falls. Al llegar a la zona nos encontramos con que estaban construyendo una carretera, y la zona de la cascada queda escondida por un montón de piedras de la nueva carretera. Aun así la cascada sigue allí, escondida, esperando sobrevivir a la peligrosa acción del hombre. Fue muy divertido jugar con la fuerza de la corriente, que te escupía hacia delante como si fueras un pequeño tronco a su merced. Pasado el buen rato y las risas volvimos al resort y entregamos las motos sin problemas.

Al día siguiente tocaba de nuevo explorar el fondo del mar. Hicimos las inmersiones con Jonhy Dive a 1200 Php cada una y fueran todas ellas muy agradables y largas, ya que no fueron muy profundas. Las hicimos en la zona de White Island y Sunken Cementery.

Pasamos el resto del día descansando y negociamos un guía para el día siguiente ascender al volcán Hibok Hibok. Éste volcán entro por última vez en erupción en 1951 y el nivel de alerta era zero. Aunque también lo era el del Mayon decidimos probar fortuna como jóvenes alocados e impetuosos que somos y ascender. El trekking discurre por un camino que cada vez se ve menos y que cada vez es más cuesta arriba. El desnivel es de 1320 metros en unos 5 km de subida, así que no es un trekking extremo, pero tampoco fácil. El calor es sofocante, aunque empezamos a ascender a las 7 lo normal es hacerlo a las 5, pero algunos problemillas retrasaron el inicio. Empezamos Jose, Eloi, Gal y Noga, pero ella se encontró mal y volvió al resort. Nuestro guía, Roland Rabiler, que os recomendamos si quereis hacer este trekking, ([email protected]) marcaba un ritmo digno de alguien que ha subido más de 300 veces el Hibok-Hibok. La vegetación iba cambiando conforme íbamos subiendo y unas 3,5 horas de subida constante nos llevaron al cráter del volcán. Allí paramos a comer, esperando que el volcán siguiera tan tranquilo como los últimos 62 años, y nos preparamos para la última hora de ascensión bastante vertical. Al llegar a la cima, nos encontramos con que el tercer volcán que coronábamos en nuestro viaje, se encontraba rodeado de unas oportunas nubes que nos impidieron sentirnos los reyes de la isla por un rato y ver la cercana isla de Mindanao y la ya visitada Bohol. A pesar de que esperamos un buen rato a que las nubes se fueran no hubo suerte y tuvimos que empezar, con mucho dolor en el alma (y en las piernas), el descenso al nivel del mar. Si el ascenso era difícil, el descenso no iba a serlo menos. Era necesario agarrarse a ramas e ir con mucho ojo, y aun así los resbalones fueron habituales. 3 horas mas tarde, y unas 8 después de empezar llegamos al final del trekking, bastante cansados, sedientos y hambrientos pero satisfechos por el día montañero. Nos pegamos un atracón en el Lights (no hay mucha oferta a nivel local si no vas a Mambajao, a 20 min. en Motorela) y fuimos a tomarnos una merecida siesta antes de la cena en otro restaurante llamado Jellows Corner. El siguiente día lo dedicamos a comprar el billete de ferry nocturno a Cebu, comer en el pueblo barato y reponernos de la subida al volcán. En el resort conocimos a Rica, una couchsurfer de Cebu que nos ofreció alojamiento en su casa. Así pues, cada uno de nosotros partió hacía un punto distinto. Nuestro destino fue Cebu City. Tuvimos la suerte de cuadrar nuestros días en Camiguín con un ferry nocturno semanal que va hasta Cebu City. Compramos billetes en clase turista, pero una confusión de la taquillera nos catapultó a la zona VIP al precio de turista, 880 Php. Amplia cama y A/C para hacer más llevadero el viaje de 12 horas desde Camiguín a Cebu City. We Are The Passengers con dosis extra de suerte, ya que no es lo mismo 12 horas en una cama que 12 horas en una tabla de madera. Llegamos a Cebu y cogimos un taxi a casa de Rica donde pasamos una agradable tarde y noche en compañía de los habitantes de la “Hobbits House”, un filipino habitante de la casa llamado Roland, Joel, un chico de Girona que trabajaba como arquitecto en Cebu debido a la lamentable situación en España, su novia, dos chicas vietnamitas que también hacían Couchsurfing, un Couchsurfer de Hong Kong que trabajaba en la radio y que nos hizo una entrevista, y varios comensales que degustaron la ya clásica tortilla de patatas con bravas y “pa amb tomàquet” del menú Passenger.

A la calurosa mañana siguiente un taxi por 230 Php nos llevó al aeropuerto para dar el salto a la que seria la última isla que visitaríamos, por el momento, en Filipinas: Palawan

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Diario de viaje a las Visayas
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4 COMENTARIOS EN "Diario de viaje a las Visayas"

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maria
Guest
maria
1 Año Interestelar 1 Mes atrás

Hola! empezamos nuestro viaje por Filipinas en Donsol con la intención de ir bajando hacia el sur y llegar, si nos da tiempo, a Siquijor. Todo en 15 días… :/ He leido que habeis pasado de Masbate y alrededores. No encuentro demasiada informacion turística al respecto… sabeis algo que se pueda hacer por alli o seguimos vuestros pasos y vamos directos hacia Malapascua y compañia?

Gracias!

Mónica
Guest
Mónica
8 Meses 2 Días atrás

Hola quisiera saber dónde queda la foto que sale en la mitad arena.

Gracias

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