Empezamos nuestro diario de viaje a la Costa central de Vietnam. Después de los intensos y fabulosos días que pasamos entre en el bullicio de Saigón y la calma del Delta del Mekong, nos dispusimos a empezar la ruta que nos debía llevar hasta las montañas del norte de Vietnam, pasando primero por la costa central de Vietnam, Hanói y Ha Long Bay.

Para ello, nos “enfrentamos” al primer “sleeping bus” que nos iba a llevar a Nha Trang, nuestra primera parada después de Saigón. Tal como su nombre indica, los “sleeping bus” son buses que están específicamente diseñados para pasar grandes distancias durmiendo, o intentándolo, en su interior. Realmente son buses normales y corrientes pero en lugar de asientos llevan una especie de silla-cama que se puede reclinar, aunque realmente nunca consigues tener la comodidad de una cama debido al ajetreo del bus, las paradas, el ruido…Aun así cabe destacar que la red de carreteras y los transportes públicos de Vietnam son bastante correctos si los comparamos con otros países de Asia. De todos modos, las distancias que a priori parecen cortas se hacen largas.

Hay muchas compañías que ofrecen el servicio de “sleeping-bus”, conectando las ciudades más importantes en la ruta Saigón (Ho Chi Minh City) – Hanói. De todas ellas y después de buscar un poco por internet nos decidimos por una de las más conocidas: The Sinh Tourist. Habíamos leído opiniones contradictorias, pero al acercarnos a la oficina el servicio nos pareció muy profesional y bien organizado y decidimos probar suerte.

Compramos nuestro billete para esa misma tarde por 200.000 Dongs y nos fuimos a tomar algo por la zona cercana a la oficina, el mítico barrio mochilero de Saigón.

Para recorrer Vietnam en bus hay dos opciones: comprar los billetes conforme llegas a las ciudades o comprar el denominado “open ticket”. Esta modalidad de billete te permite tener una ruta establecida pero sin fechas concretas y en principio llamando por teléfono o en la oficina de la empresa puedes reservar tus asientos. Después de analizar las opciones y leer los profundos estudios de campo realizados sobre el tema por otros blogueros decidimos no comprar el open ticket por cuatro motivos: el inglés de los vietnamitas por teléfono es bastante difícil de entender, no queríamos cerrar del todo la ruta por lo que pudiera pasar, no nos íbamos a ahorrar casi nada con el open ticket y, finalmente, no queríamos casarnos con la misma empresa para todos los trayectos sin antes ver personalmente en qué consistía la archiconocida movida de los estelares sleeping buses de Vietnam.

 

Esperando en la oficina y con nuestro billete en mano y nuestros asientos-cama asignados, llego el esperado sleeping bus.

La verdad es que al verlo nos pareció mejor de lo que esperábamos. Cargaron las mochilas con una etiqueta identificadora y subimos al bus con una botellita de agua que te dan con el billete. Al subir a los buses debes quitarte los zapatos y ponerlos en una bolsa de plástico que te dan. Nos acercamos a nuestros asientos y un primer scanner visual del mismo nos hizo pensar que algo fallaba allí. Si mides más de 1,75 o calzas más de un 43 estas jodido. Pero si son las dos cosas a la vez, estas muy jodido. Al introducirnos en el sitio comprobamos con horror como el final del asiento, donde colocas los pies, coincide con la espalda de la persona de delante de ti y el espacio para los pinreles queda reducido a la mínima expresión. El resto del asiento tampoco vendría a ser el premio nobel al diseño ergonómico ya que era un poco duro y te clavabas algún hierro del cinturón en los costados. En ese momento, sudores fríos se apoderaron de los integrantes de We Are The Passengers. ¿Cómo íbamos a superar 11 o más horas con nuestros pies comprimidos en un palmo cuadrado de plástico? ¿Cómo íbamos a conseguir dormirnos con la falta de ergonomía del asiento? Mientras nos hacíamos estas y muchas más preguntas, vimos la luz al final del túnel. Los asientos del final del bus tienen una ventaja y un inconveniente. El inconveniente es que van 5 asientos-cama uno al lado del otro, en lugar de la formación  cama-pasillo-cama-pasillo-cama del resto del bus, por lo que si el bus va lleno te tocará dormir con gente a ambos lados, en una especie de bacanal de mantas, botes del bus y demás. La ventaja, es que si el bus va vacío los asientos 16-18 y los de arriba son la auténtica suite presidencial del sleeping bus, ya que puedes estirar las piernas en el pasillo y usar los asientos adyacentes como soporte para tu noche. Así pues, fijamos como objetivo acabar en la suite. El bus arrancó y paso el chaval que reparte las mantas. Le preguntamos acerca de la posibilidad de abordar sin piedad la suite y no puso ninguna pega. Pegamos un bote y en cuestión de segundos nos hicimos con el control y dominio absoluto del palco presidencial, dejando las mochilas por los otros asientos y creando un caos de mantas a nuestro alrededor que hiciera imposible a nadie ni siquiera pensar en acercarse a nuestra posición. Epic win. Desde aquí os invitamos a que si viajáis con Sinh Cafe y sois corpulentos, o simples amantes de la comodidad, intentéis haceros con el control de esos asientos. En los 3 buses que pasamos con Sinh acabamos con los asientos del final para nosotros solos ya que los buses nunca se llenaron y nadie nos pidió un sitio en nuestra morada, y os aseguramos que pasarse 15 horas sufriendo o 15 horas relativamente cómodas marcan la diferencia.

 

Apalancados entre mantas, con una parada para comer algo y con los pies libres de dolor pasamos las 11 horas entre Saigón y Nha Trang. Entre las dos ciudades se puede visitar Dalat y Mui Ne, esta última famosa por sus dunas en la playa. Como habíamos disfrutado mucho con las superdunas de Nueva Zelanda decidimos obviar estas paradas, aunque si tenéis tiempo seguro que son recomendables. En cuanto a Nha Trang, es una ciudad costera en pleno desarrollo con poco encanto.

Aquí, como en otras zonas de Vietnam, se dedican a construir hotelazos enormes en primera línea de costa, destruyendo el paisaje y creando una línea de rascacielos delante del mar. ¿A quién le copiaran este fabuloso modelo turístico? Vietnam no es un país famoso por sus playas, y lo podemos corroborar, no tienen nada de especial, al menos de Saigón hacia el norte, aunque siempre se agradece un chapuzón en el mar. En Nha Trang nos alquilamos una tumbona playera y nos dedicamos a dormir un poco y ver el desfile de turistas rusos que poco a poco iban llenando la playa. El 90% o más de la gente a nuestro alrededor eran del país del vodka y curiosamente no volvimos a ver un solo ruso en el resto de Vietnam. Por lo que nos contaron, varios tour operadores low cost han elegido Nha Trang como destino estrella y parece que todos los turistas rusos del perfil “todo incluido” han decidido ir a amontonarse en Nha Trang. El precio de este sleeping bus fue 250.000 Dongs.

Después de la siesta playera nos dirigimos a la oficina de Sinh Tourist y nos agenciamos, esta vez legalmente y con ticket numerado, los asientos 16 y 18. Primero preguntamos si los de al lado estaban asignados, para no llevarnos la sorpresa de ser 5 personas en las cinco camas. Llegó el “sleeping-bus” y nos acomodamos en nuestros sitios. Nos esperaban entre 10-12 horas hasta nuestro siguiente destino, la pequeña y bonita ciudad de Hoi An.

 

Llegamos a Hoi An sobre las 6 de la mañana y desayunamos un buen bocadillo Vietnamita y un par de cafés. La noche había sido movida, con baches y tormentas y con filtración de agua en el techo del bus incluida. El café en Vietnam es bueno, barato y sabroso y nadie empieza una mañana sin tomarse uno, aunque rápidamente se pasan a la cerveza y a las 11 de la mañana ya están los bares llenos de gente bebiendo! Dejamos las mochilas en la oficina y nos fuimos a pasear por el mercado y a comprar algún pequeño souvenir. Al lado del río hay varios bares donde puedes degustar la cerveza más barata de Vietnam. Una caña bien fresca te sale por 4000 Dongs, o lo que es lo mismo, 0,15€. Si, 0,15€. Aprovechamos y mucho tan destacable oferta y luego fuimos a comer a un restaurante recomendado por nuestra amiga Couchsurfer de Saigón. El restaurante se llama “Tra Que Waterwheel” y está a unos 10 minutos del centro de Hoi An en taxi y os lo recomendados encarecidamente. Nos enseñaron todos los tipos de plantas que se usan en la comida vietnamita así como el antiguo sistema para bombear agua con una rueda de madera. Pero lo mejor aún estaba por llegar y no era otra cosa que la comida en sí. Nos dejamos aconsejar por la amable guía-camarera y nada defraudó. Sopas, rollitos, pescado y carne en diferentes estilos, todo riquísimo y con un precio muy económico para lo elaborado del menú. Por unos 350.000 Dongs degustamos varios platos típicos y comimos como unos auténticos marqueses.

 

 

 

Después de la comilona nos dispusimos a iniciar la que iba a ser la misión de la tarde. Esa noche íbamos a dormir en Da Nang, a unos 25 km de Hoi An, en casa de Dat. Dat era el mejor amigo de An, una chica vietnamita que conocimos en casa de Rica, haciendo Couchsurfing en Filipinas. Ella nos comentó que Dat nos podía alojar en su casa y que incluso nos podía prestar una moto, y así fue!  Viajando conoces muchísima gente, especialmente haciendo algo de Couchsurfing, y las casualidades de la vida hacen que de golpe tu alojamiento y transporte se solucione mágicamente gracias a la generosidad y “buen rollo” de las personas que un buen día se cruzan en tu camino. Tomamos el bus local, esquivamos hábilmente el típico intento de timo del revisor y nos plantamos en Da Nang. Después de algún que otro problemilla para localizar a Dat conseguimos encontrarnos y fuimos a su casa. Dat es arquitecto y se había diseñado su propio domicilio, una bonita casa de cuatro plantas. Nos mostró nuestra habitación, nos duchamos, dejamos nuestras inseparables mochilas y fuimos a cenar marisco con él y su amigo Tran a un restaurante callejero. De no haber sido por él, nunca habríamos degustado la copiosa y deliciosa cena a base de almejas, gambas, caracoles y demás delicatesen del mar, ya que el restaurante estaría oculto a ojos de un turista “normal”. Un simple toldo, algunas mesas y una rudimentaria cocina, pero un marisco exquisito y extremadamente barato (140.000 Dongs por persona). Barato para nuestros occidentales bolsillos, claro.

 

Antes de ir a dormir aun nos dio tiempo de tomar una Tiger beer y charlar con ellos acerca de Vietnam, España, Catalunya, el Barça y los clásicos temas de conversa cervecera.

 

Al día siguiente nos fuimos a explorar los alrededores de Da Nang con nuestra flamante moto prestada. Nuestro objetivo era el Hai Van Pass, un paso de montaña que antiguamente dividía el norte y el sur de Vietnam y desde el que se tienen unas fantásticas vistas de Da Nang y la bahía del mar del Sud de China. Culminamos la ascensión motorizada y pudimos disfrutar de las fabulosas vistas prometidas. La ciudad de Da Nang es la tercera mayor de Vietnam y a pesar de ser muy poco turística muy probablemente seguirá sumando habitantes a gran velocidad. La ciudad tiene muchísimo espacio para crecer y se está convirtiendo en centro de inversión de capital extranjero: se están construyendo muchos resorts en primera línea de playa, rascacielos, hoteles, carreteras, puentes, barrios residenciales y un nuevo puerto comercial. En Vietnam se nota muchísimo que Asia sigue en fase de crecimiento y expansión y el país entero parece estar en obras creando un auténtico pelotazo inmobiliario. Lo malo es que a estas alturas ya es por todos sabido como acaban estas historias de desarrollo agresivo basado en modelos que sabemos que no funcionan. Pero a ver quién le dice a un país que no “prospere” a costa de su paisaje o medio ambiente…

 

Después del paso nos fuimos a ver un inmenso Buda que hay en una pequeña colina en la zona este de Da Nang. Una imponente estatua blanca de unos 60 metros de altura, rodeada de jardines, se impone en lo alto de la montaña vigilando que todo en Da Nang siga en orden. Quizás en algunos años sea una atracción conocida mundialmente, ya que los planes pasan por situar a Da Nang en la órbita internacional de urbes cosmopolitas y atractivas, veremos si lo consiguen. Por la tarde nos dirigimos por la carretera paralela a la playa hasta Hoi An para cenar en el centro y pasear por las bonitas calles peatonales iluminadas por farolillos de colores. La verdad es que se agradece poder caminar un rato por una calle sin millones de motos liándola, sin pitidos y sin taxis creando auténtico caos circulatorio. Eso sí, tendréis que hacer oídos sordos a las continuas invitaciones a comprar souvenirs o a haceros un traje a medida, una de las especialidades de la ciudad aparte de su exquisita gastronomía. Es especialmente agradable la zona del casco antiguo (declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO) y la orilla del rio Thu Bon, con el puente japonés construido a principios del año 1600.

Otra exquisita cena vietnamita, con el correcto vino de mesa vietnamita incluido, dio paso al camino de vuelta a Da Nang y a pasar nuestra segunda noche como invitados de Dat.

A la soleada mañana siguiente nos despedimos de nuestros huéspedes invitándoles a venir a Barcelona cuándo quisieran y nos fuimos a la estación de buses para coger el bus local a Hue, la siguiente localidad en nuestra lista.

 

Después de 4 horas en un pequeño pero cómodo bus valorado en 50.000 Dongs, llegamos a la antigua capital imperial de Vietnam durante la dinastía Nguyen, que llevó las riendas del país desde 1802 a 1945, cuando el último emperador abdicó a favor del nuevo gobierno revolucionario comandado por Ho Chi Minh. Posteriormente la ciudad fue una de las más castigadas por el Vietcong. Más de 3000 personas fueron ejecutadas después de un asedio de 24 días a la ciudad. El legado de la época más gloriosa de Hue se puede ver plasmado sobretodo en la ciudadela que ocupa el centro de la ciudad y en los templos-tumba que hay en los alrededores de la ciudad. Nos alojamos en un hotel que queda al lado de otro llamado Phoenix, y pagamos 190.000 Dongs por una habitación con balcón, AC, WiFi y desayuno, una auténtica ganga. Nos paseamos un poco por Hue, tomamos alguna birra de 4000 Dongs y planificamos la visita a las tumbas y la ciudadela cenando una pizza, que la verdad, entró muy fina. Al día siguiente alquilamos una moto en el hotel por 84.000 Dongs (3€) y fuimos a visitar primero la pagoda Thueng Mu que queda cerca de la ciudadela, a la orilla del rio Perfume (ese es su nombre aunque no olía a rosas que digamos) y que es de acceso gratis y bastante bonita. Más tarde nos dirigimos hacia la tumba del emperador Tu Duc, la mayor de todas. Más que una tumba, lo que hay son los restos del templo funerario erigido en su honor y el de su esposa, pero el paseo es bastante agradable y, a pesar de que son edificios opulentos, no queda demasiado de la majestuosidad que debieron tener en el momento de construirlos. La entrada al complejo es más cara para los foráneos que para los vietnamitas y cuesta 80.000 Dongs, algo cara para nuestro entender. Una vez visitada la última casa del emperador Tu Duc fuimos a ver otra tumba, la de Khai Dhin. A esta no entramos y nos limitados a verla desde un camino lateral adyacente. El cielo se empezó a cubrir de unos nubarrones muy amenazantes y decidimos volver hacia nuestro económico hotel para descansar un poco. A la mañana siguiente quedamos con un chaval de Hue, Than, estudiante de medicina, que conocimos a través de Couchsurfing y que se ofreció para guiarnos por la antigua ciudadela, construida a partir de 1833 y cuya entrada vale 105.000 Dongs para extranjeros. La ciudadela fue muy castigada durante la guerra de Vietnam, primero por los soldados del Vietcong y luego bombardeada por los americanos. Aun así, se están llevando a cabo tareas de restauración y la zona más noble del complejo bien merece una visita. Un video en 3D sirve para situarte y tener una mejor idea de cómo era en sus mejores momentos. Than nos guió por los diversos edificios y luego nos tomamos una cerveza con él. Vistas las tumbas y la ciudadela, sólo nos quedaba tomarnos la tarde libre y confirmar nuestro billete en el próximo sleeping bus que nos iba a llevar a la capital de Vietnam, Hanói. El precio del bus fue de 340.000 Dongs. Carretera y manta a Hanói!

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Diario de viaje a la costa central de Vietnam
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